No vine a ser carne. Poemas y textos inéditos de Gata Cattana

viernes, 27 de febrero de 2026

Mi familia es de Adamuz, aunque yo haya nacido en Córdoba, gran parte de mi infancia la pasé en este pueblo que este año ha sido bastante conocido por todo el mundo. 

Monsieur Accidents siempre ha dicho que, vayas donde vayas, siempre te encuentras con alguien de Adamuz, y os lo puedo asegurar, no sé cómo lo hacen, porque tampoco es un pueblo excesivamente grande, pero lo hacen. Me he encontrado con adamuceños en viajes por España y también fuera, como aquella vez que me encontré con amigos de la infancia en uno de los mercados de Londres, Portobello Road Market en Notting Hill.

Pues el verano pasado, paseando por una de las librerías que acostumbramos a visitar cuando vamos a Málaga, Monsieur Accidents vio este libro en las estanterías de la librería Luces y tuve que llevármelo, ya que Gata Cattana es de Adamuz y quería conocer su obra.




Ana García Llorente nació en Adamuz el 11 de mayo de 1991 y falleció en Madrid el 2 de marzo de 2017. Fue rapera, poetisa, activista, feminista y politóloga, sin dejar de ser también aquella Ana más insegura que comenzaba a escribir. 

Formó parte de un grupo flamenco; luego, con su mejor amiga Anabel, formó un grupo llamado Cattana, nombre que adoptó cuando se disolvió en el 2013. Adquiere el nombre de Gata Cattana, con el deseo de convertir a la niña que era en la mujer que se había convertido, a la que le gustaba escribir y actuar. Falleció a los 25 años debido a una anafilaxia, que consiste en una reacción severa, generalizada, de rápida reacción y potencialmente mortal provocada por una alergia. 

"No vine a ser carne" es una compilación de letras, poemas y escritos en prosa de Gata y la editorial Aguilar. El libro se terminó de imprimir en el mes de octubre de 2024. La breve pero valiosa obra de esta artista adamuceña se ha convertido en un signo de lucha feminista de toda una generación.

Pero antes de comenzar a leer sus letras, Juancho Marqués nos introduce en su obra. Me quedo con la parte donde dice: " Y siempre al final, en las profundidades, hablabas de volver, de las viejas del campo, del olor a café y sus charlas. En lo invisible, de Adamuz y Granada. Del colchón en el salón y de las viejas amistades. En los abismos, de los ritos y el folclore, de lo cotidiano. De la cultura en la que en algún punto te perdiste y en el otro te encontraste. En el fondo, de ti misma. En esencia, de todas las partes."

Os dejo con uno de los textos que he leído en este libro y que me ha llamado la atención, además, con toques culinarios:
"La fuerza de la costumbre.

La juventud es quizás el tiempo de hacerse preguntas, ver la realidad que nos rodea y elegir insignificantes decisiones que guían el rumbo aparentemente cambiante de nuestra vida. 
    De esas cosas se da cuenta una cuando ya es mayor, cuando ya nada puede cambiar lo acontecido y/o, en caso de que lo pueda cambiar, ya poco tiempo nos queda para disfrutarlo. 
    Bueno, a mi parecer, estoy haciendo un preludio demasiado extenso para la brevísima e irrelevante historia que me dispongo a narrarles; para que vean ustedes la cantidad de cosas sin sentido que uno hace e incluso piensa porque sí. 

Cierto día andaba yo cocinando un solomillo para unas amistades que iban a venir de visita. Cuando llegaron, los hombres pasaron a la sala de estar después de encender sus respectivos pitillos. Las mujeres, corriendo a ayudarme en la cocina. Una vez derretida la mantequilla y vertida la pimienta verde que posteriormente se convertiría en la salsa, yo partí el solomillo tal y como hacía siempre, según la costumbre. 
    Sorprendida, una de las mujeres allí presentes me preguntó si había partido el filete para que se hiciera antes o para que no se quedara poco hecho por el centro. Yo, desconcertada ante esta pregunta, le respondí que no sabía exactamente por qué, pero que desde que tenía uso de razón había visto cocinar los filetes a mi madre partidos por la mitad previamente. 
    Después de que esa mujer sembrara la duda en mí, llamé a mi madre y le pregunté por curiosidad el porqué de ese procedimiento. Mi madre me dio idéntica contestación que yo a mi amiga: que no lo sabía, pero que siempre había visto a su madre hacer de esa manera los solomillos. 
    Tras pasar unos días, mi madre me vino a ver y me dijo que había ido a visitar a mi abuela y, tras hacer la típica pregunta de por qué hacía así el solomillo, ella contestó que su sartén era demasiado pequeña y no le cabían enteros los filetes. 
    Ambas nos miramos y nos reímos. 
    Fíjate las cosas de la vida, me decía. Y eso mismo pensé yo: las cosas de la vida... Si no llega a ser por esa mujer que vino a visitarme un día, yo aún estaría cocinando los filetes troceados, y quizás mi hija, y la hija de su hija, y su nieta y su biznieta ..."




Esta historia me ha hecho reflexionar, primero, en las cosas que hacemos porque se las hemos visto hacer a nuestras madres, ellas, a su vez, a las suyas y así.... hasta quién sabe cuándo se empezaron a hacer de esa manera. En segundo lugar, si entendemos por qué hacemos las cosas, podemos mejorarlas o darnos cuenta de que lo que hemos aprendido de nuestras madres es inmejorable (me ha pasado). 

 ¿Conocías a esta artista? ¿Y su obra? Yo tengo que admitir que la conocí en una de las visitas a Adamuz para una de las reuniones familiares anuales. Al ver el increíble mural en honor a ella, pregunté quién era y, a raíz de ahí, la conocimos. 

Nos vemos en el siguiente post.

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