El despertar de la señorita Prim (Receta para una historia nº45)

sábado, 30 de junio de 2018

Nos despedimos de junio con una nueva receta para elaborar una deliciosa historia. 

Junio ha sido un mes en el que los eventos culinarios y solidarios no han faltado, las clases han terminado, algunos con las notas mejor que otros, el verano ha dado por fin la cara y las piscinas han abierto para ayudarnos a combatir "la calor".

Antes de ponernos con los ingredientes de la receta de este mes, os recuerdo que estáis a tiempo de hacer y compartir vuestra crítica gastronómica de Asesinato de Saint Malo.




Para la propuesta de este mes, me he basado en "El despertar de la señorita Prim" de Natalia Sanmartín Fenollera. 

Una novela que me leí en el verano del 2013, con una deliciosa historia sobre la belleza de las pequeñas cosas. 

Los ingredientes para elaborar una historia muy hyggelig son:
1 sugestivo anuncio
1 administrativa o bibliotecaria (Opcional: Prudencia Prim)
1 pueblo lleno de encanto (Opcional: San Ireneo de Arnois)
1 puñado de habitantes que han decidido declarar la guerra a las influencias del mundo moderno
1 biblioteca que necesita ser organizada
1 hombre inteligente, profundo y cultivado pero sin pizca de delicadeza (Opcional: Hombre del sillón)
1 taza de frecuentes batallas dialécticas 
1 peculiar estilo de vida
1 taza de secretos
1 puñado de habitantes nada convencionales
1 inolvidable viaje
1 taza de belleza y profundidad que se esconde tras las pequeñas cosas

Vertemos el agua y la leche en una tetera que ponemos al fuego. Añadimos el resto de los ingredientes y llevamos a ebullición. Apartamos del fuego y añadimos el té y el azúcar. Dejamos reposar durante cinco minutos como máximo. Transcurrido este tiempo servimos en delicadas piezas de artesanía adquiridas en el pueblo. Tomarlo sin prisa, sentado en el jardín. 

¿Cuál es tu historia? Ya sabes que tienes un mes para macerar la idea, preparar una delicioso té o infusión e invitarnos a probarlo. A principios de julio recibirás las críticas gastronómicas correspondientes. 

¡Bon appétit!

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1 comentarios

  1. Esta es mi propuesta:
    Había terminado la carrera, de hecho, se había graduado el 21 de septiembre, un día que nunca olvidará. Todos estuvieron allí, su familia, sus amigos y por supuesto, él.
    Sami, tan encantador, inteligente, amable y extrovertido como siempre, pero al finalizar la celebración, sucedió algo que ella no esperaba. Cuando todos se marcharon y se quedaron solos, mientras él le acompañaba a casa, se paró en un parque y empezó a recriminarle una serie de cosas que ella no llegaba a comprender. Después de gritarle y acusarla de qué sabe qué, se marchó, dejándola allí, sola en el parque.
    A la mañana siguiente, se despertó con una idea en la mente, tenía que marcharse de allí, así que se puso a buscar trabajo. Un sugestivo anuncio captó su atención y mandó la solicitud.
    Al cabo de unos minutos recibió un correo aceptando su solicitud como administrativa para atender una biblioteca que necesita ser organizada. Abrió el documento adjunto y comprobó que era un billete de tren. En dos días comenzaría un inolvidable viaje. Tenía el tiempo justo para hacer la maleta y despedirse de su familia y amigos.
    Cuando bajó del tren, un hombre se acercó a ella, era el chofer de su jefe que la llevaría a la casa donde se alojaría y trabajaría por un periodo de seis meses. Durante el trayecto, no pudo dejar de mirar por la ventanilla del coche, definitivamente, San Ireneo de Arnois era un pueblo lleno de encanto.
    Cuando llegaron, María, la mujer que se encargaba de la casa, la llevó a su habitación, para que dejara la maleta y la acompañó a la biblioteca donde la esperaba su jefe. Un hombre sentado en un sillón, del que no se levantó para saludarla, le explicó que los habitantes del pueblo, habían decidido declarar la guerra a las influencias del mundo moderno. Seguidamente le explicó en qué consistiría su trabajo.
    Se puso a trabajar, pero no entendía por qué ese hombre inteligente, profundo y cultivado pero sin pizca de delicadeza le había contratado para organizar su biblioteca si ella no era bibliotecaria.
    Al cabo de unos meses, se adaptó al peculiar estilo de vida de los habitantes nada convencionales, a los secretos y a las frecuentes batallas dialécticas con el Hombre del sillón. Prudencia Prim aprendió, no solo a ser bibliotecaria, sino que también a descubrir la belleza y profundidad que se esconde tras las pequeñas cosas.

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